Llegar de un viaje que te ha dejado la espalda destrozada, ponerme a fregar los platos, instantáneamente, que uno caiga al suelo y romper a llorar.
Es extraño que un viaje que se ha realizado principalmente para olvidar me haya hecho recordar tantas cosas. Pensaba describir el viaje, pero, entonces, tendría que decir que la mayoría de las cosas han sido horribles. En cuanto llegamos me acoplé bien. Mi habitación era la buhardilla de la casa, ya que me pareció lo más acogedor.
Mi tío no vino de mediador, así que estar en casa era como estar en el infierno. Mi madre se quejaba por todo, mi padre le recriminaba cosas, mi madre metía a mi hermana, yo defendía a mi hermana. En un abrir y cerrar de ojos me veía involucrada en sus discusiones y acababa, como de costumbre, llorando, tirada en el suelo del pequeño baño.
Lunes y martes lo pasamos en Disneyland, no estaba previsto pero lo incluimos. Escuchar tantas canciones, ver tantos peluches, abrazar a los personajes, me hizo sentir como si tuviese cinco años menos. En algunos momentos, quise tenerlos.
Vivir sensaciones intensas en las montañas rusas. Llorar con los videos que ponían, que me trasladaban a mi infancia.Me encantó ver sonreír a mi hermana. Hacía muchísimo tiempo que no la veía sonreír así. Bueno, puede deberse a que tampoco la veo mucho últimamente.
Disneyland es precioso, recomiendo a todo el mundo que vaya, es una experiencia inolvidable.Los demás días los dedicamos a patear Paris, sin dejarnos ni un rincón.
En realidad, anduve yo sola. Me perdí por Paris y anduve muchísimo. Ese paseo, desde el llamado Arco del Triunfo hasta el Sagrado Corazón, fue tranquilo. Además no me preocupaba cómo volver, sabía que mis padres estarían en esa iglesia, asi que anduve. Y hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan libre.
Como ya he dicho antes, es increíble y extraño que un viaje para olvidar me haya hecho recordar tanto.Pero ha sido como una corriente de agua. Puede que se haya llevado todo lo malo o, simplemente, me haya arrastrado con ella.