De repente, ese abrazo tan añorado, lo tengo.
Esa esencia perdida, la recupero.
Ese ''Cariño, todo saldrá bien.'', lo he vuelto a escuchar.
Esos brazos que, de pequeña, me sujetaron mientras intentaba conducir la bicicleta de Mickey.
Esos brazos que, hace unas horas me rodearon,
me calmaron.
Y me da igual si discutimos cada mañana porque no quiero desayunar.
En la comida porque no quiero comer. En la cena porque no quiero cenar.
No recuerdo la última vez que hablamos como hoy, que lloré como hoy,
que me abrazaste como hoy.
No te imaginas, papá, lo mucho que he echado de menos esto.
Hoy me has demostrado que cuando te necesito de verdad, estás ahí.
Y aunque te vayas, siempre recordaré tus delgadas y trabajadoras manos, que nos han sacado siempre adelante.
Te quiero, papá.