Silencio, escúchame.
Yo no sé ni lo que estamos intentando, ya si que no lo sé.
Antes nos evitábamos ahora, no lo sé.
Pero yo no puedo seguir mirándote, callándome cosas que tendría que decir.
Simplemente, porque no puedo.
Y quiero decirte que te quiero todas las mañanas al verte llegar, todos los segundos que estés cerca.
Y que sé lo que debería hacer, pero, el corazón me dice una cosa y la cabeza otra.
Que sé que un día me rendiré y me engañaré todos los días diciendo que te odio, pero hasta entonces, seguiré observándote, aunque sea a escondidas.
Miraré los cambios radicales que tienes de expresión.
Miraré como, de vez en cuando, enseñas esa sonrisa que sabes que me encanta.
Y esas carcajadas contagiosas. Y miradas perdidas.
Al fin y al cabo todo está perdido.
Incluso nosotros nos perdemos, de vez en cuando.