Y el rey, buscó por todas partes a la que sería su reina y,
casi había perdido la esperanza de encontrarla cuando llegó a una taberna.
Ahí había una sencilla camarera de pueblo,
la mujer miró al rey solitario y le pareció que le conocía desde hace años.
Esperó hasta que la vio sola y la observó de lejos porque le daba miedo hablar con ella.
Pero aquel día,
su carruaje no arrancó y el rey pensó que habia sido cosa del destino.
Decidió acudir en su destino.
Lo arregló y se alejaron juntos en la noche.