¿Alguna vez has interpretado el papel protagonista en una obra, tu solo en una función?
Todos te miran, esperando que hagas lo que han venido a ver.
Y tu sientes la presión de actuar.
Hubo un tiempo en el que los quirófanos eran como anfiteatros y aún lo parecen.
La gente se prepara para la representación, se dan los últimos retoques.
Está el vestuario, las máscaras, el atrezo.
Cada detalle requiere su ensayo, su coreografía,
todo para llegar al momento en que se abre el telón.
Ojalá la vida fuera un ensayo con vestuario y tuviéramos tiempo para repetir.
Podríamos ensayar cada momento hasta que lo domináramos.
Por desgracia, cada día de nuestra vida es una función.
Incluso cuando tenemos la oportunidad de ensayar, y prepararnos, y practicar.
Nunca estamos listos para los grandes momentos de la vida.