Hoy he llegado a las 6:23 de viaje, un viaje bastante intenso y lleno de emociones.
Era la segunda vez que veía el barco de mi abuelo después de su muerte y,
no sé si por la impresión o porque tenía a mis padres delante, no he llorado.
Después de comer mi madre me ha acompañado al cementerio.
Extraño.
No suelo hablar con mi madre de mis sentimientos, no sé pero me llevo mejor con mi padre, de siempre. Mi padre nunca va al cementerio, dice que no le gusta ver a personas recordando su dolor. La verdad, mejor.
Le voy a echar de menos.
Al menos, estará en casa hasta que el domingo vuelva a Alemania.
Al menos, estará en casa hasta que el domingo vuelva a Alemania.
Trabajo, dice él, yo creo que necesita desconectar de tanta presión.
Me ha entristecido menos que la última vez visitar a mi abuelo.
Mi madre se ha dedicado a colocar las flores que le ha comprado al florista de la entrada.
Mi madre se ha dedicado a colocar las flores que le ha comprado al florista de la entrada.
No he sabido que decir cuando me ha preguntado que si le echaba de menos.
Después de preguntármelo, he decidido escapar un rato de allí.
Temía que empezara a gritar, he visto en la expresión de su cara que iba a ser uno de esos momentos, esos en los que no es capaz de controlarse y empieza a reprocharme cosas.
He dado vueltas por el cementerio, leyendo las inscripciones, también he observado las fotografías y fechas. Nunca me habia fijado en eso, la verdad.
Inscripciones breves y algo extrañas. Fotografías completamente descoloridas en las que apenas se pueden reconocer los rasgos de las caras.
Y nombres que ya casi no se usan, nombres tan remotos como esas vidas.
Inscripciones breves y algo extrañas. Fotografías completamente descoloridas en las que apenas se pueden reconocer los rasgos de las caras.
Y nombres que ya casi no se usan, nombres tan remotos como esas vidas.
Luego mi madre me ha llamado y nos hemos marchado. Así.
Igual que hemos llegado.
Noviembre será un mes extraño, un mes de tránsito, uno de eso que no se olvidan o lo hacen fácilmente. Donde los viernes resulta extraño estar en el instituto.
Quizá porque se siente la proximidad del sábado y del domingo,
y por eso el jaleo es mayor.