Tirada en la cama, sintiendo mi respiración. Lenta, pero regular. Siento el tacto de las sábanas. Los pápados me pesan. Estoy sola. Mi única compañia: un bolígrafo y un cuardeno. Hasta hace un rato, Carlos. No necesito nada más.
Siempre pensé que tenía tanto que contar... Pero en estos momentos, no me sale nada. Siento la necesidad de sacarme las palabras con sacacorchos. ¿Tal vez es uno de esos momentos en los que no hace falta hablar? Tan solo se necesita la respiración para estar en paz.
Se cumplen todas las condiciones.
Hmmm, adoro esos momentos de soledad. En los que siento todo. Como la sangre fluye, como el corazón bombea, como el oxígeno entra, como los músculos se tensan de repente. Sé el por qué.
Mi mente hace que todo lo del alrededor desaparezca. Todo, menos ese comentario. Ese que me crea la duda. Yo sé cuál.