Todos creemos que nos va a ir bien, pero nos sentimos desesperados cuando no se cumplen nuestras espectativas.
Pero a veces nuestras esperanzas se frustran.
A veces lo que esperas es peor si lo comparas con lo inesperado.
La razón por la que nos aferramos a nuestras esperazas es que lo que esperamos es lo que nos mantiene vivos. Nos mantiene vivos, en pie, esperando lo inesperado.
Lo inesperado que nos mantiene despiertos.