Nunca debí dejar que volases tan cerca de mí, dejé que me robases las alas.
La primera vez que te vi me vino a la cabeza el absurdo pensamiento de que me querías.
Fuiste tan cruel al herirme mientras volaba entre las nubes, me hiciste caer desde el mismo cielo.
Y yo te hice lo mismo, a traición.
¿Para qué? Para observar tu dolor. al fin y al cabo, soy una arpia. Ahora he recuperado mis alas y las he guardado en un recondito lugar de mi interior. ¿Dónde? Junto a mi corazón, donde nadie volverá a llegar jamás.