Life like this,

There are so many moments you could share with anyone and someone and you feel like the moment will last forever.
When it's only a
night, it's only a moment.

lunes, 18 de julio de 2011

Alba, antes, su amiga, ahora, su apoyo.

Me llamo Alba, como bien todos sabeis. Pitufa, como me el memo ese recien conocido. Rubia, como me llama la mayoria de la gente. Escribir es uno de mis sueños, pero escribir bien. Meter el mundo en una página. Sentir el repiqueteo de las teclas del ordenador o, mejor aún, ver cómo se seca la tinta de una pluma estilográfica en un cuaderno conservado a duras penas con un poco de pegamento y goma. Es una de mis pasiones. Uno de los instantes en los que me siento más viva es aquel que releo una frase, un pasaje, una idea que he detenido para siempre en el blanco del papel transformándolo a mi manera. Es difícil hacer comprender eso a los que piensan que la vida es tan solo el armazón que en el pasado tenías. Como si las dificultades fueran únicamente un mal rollo cuando, en cambio, son ocasiones, posibilidades de demostrar que podemos conseguir lo que pretendemos. ¿Soy una idealista? ¿Una loca? ¿Soñadora, tal vez? No lo sé, tengo 14 años, miro alrededor y veo que la vida es dura. Sí, pero también espléndida. Conozco los problemas del mundo, no escondo la cabeza debajo del ala, es duro suscribir una hipoteca para comprar un tugurio, es difícil encontrar trabajo que no te dé simplemente lo suficiente para sobrevivir, si no que además, te permita expresarte y vivir de una manera digna. También soy consciente de las innumerables injusticias y violencias que nos rodean. No obstante, no he perdido la esperanza. Me conmuevo al contemplar el amanecer desde la ventana de mis padres, daria lo que fuese por un amigo sin sentirme pobre por ello. Danzo con la vida, la invito a bailar, la abrazo sin excederme, la miro a los ojos y la respeto y la amo, al igual que admiro la mirada de un hombre y una mujer enamorados. Eso es, me gustaría estar en esa mirada, dentro, siempre, ser su sueño, hacer que se sienta único, como la gota de rocío que por la mañana, ilumina de repente el pétalo de una violeta. Soy el polo opuesto de mi madre, me hace sentirme mal serlo, pero es así. Me gustaria que me entendiese. Pero como decía mi abuelo, tengo poca edad, ¿qué sé yo de la vida? Me viene a la mente un poeta. Y su poesía. Es cierto, y quizá sea inevitable que seamos tan diferentes. En cambio me siento en perfecta sintonía con ella, con Eva. Mi Eva, que es mucha Eva. Su entusiasmo, la sonrisa y la energía con la que lo vive todo la hacen auténticamente arrebatadora. Somos afines, a veces, nos entendemos sin necesidad de intercambiar muchas palabras. La quiero y espero que tenga una vida feliz. se la merece de verdad. Ella confia en mi, cree en mí, me respeta y se hace respetar. Ella es leal con los demás, distinta, madura. Sabia. Sí, es sabia pese a que no lo sabe. Es justo que sea asi, que conserve esa inocencia soñadora que no supone ser demasiado  ingenuos u alelados, sino conservar sobre todo la capacidad de sorprenderse. Y además, está mi padre, al que adoro. Me gustan sus manos, algo delgadas, la sonrisa que le ilumina la cara, o el olor de su piel cuando está concentrado en el despacho. Olor antiguo, que me recuerda a la infancia, cuando me sentaba en su pierna y me contaba las historias de Peter Pan. Se va lejos, ahora se va, cuando le necesito. Pero es necesario, para él, lo es. Mi abuelo, que se fue, hace dos años, se fue. Me hizo endurecerme, ser fuerte. Incluso me dejó de herencia su barco. Su verdadero corazón, como bien decía cada vez que salíamos a navegar. Adoraba ese barco, ahora es mio. Adoraba a mis abuelos, las raíces de lo que soy, la sencilla franqueza de unos sabios que han visto mundo y las cosas. Los adoro porque hoy harían setenta años casados, y, porque dentro de setenta años, me gustaría ser como mi abuelo fue, seguir enamorado de la vida y, tal vez de un hombre que la ha compartido y transformado conmigo. Mi abuela perdió la luz de sus ojos cuando mi abuelo se fue, yo también. Ahora quiero a un chico, dulce y sincero, sobre todo, es sincero. Le quiero, espero que el sentimiento acabe, porque ahora, ese sentimiento me hace sufrir. Sin embargo, a veces me siento realmente bien recordandolo todo. Y, sin embargo, en ocasiones experimento un extraño miedo, tengo la impresión de que tardará mucho en pasar el dolor o de que a lo mejor me estoy equivocando con el camino escogido. No sé por qué. Sensaciones. Pero bueno, mientras tanto sigo adelante, entre otras cosas porque tengo el corazón de un hombre. El corazón de mi abuelo. Ese hombre que, un día se convirtió en pez y se hundió en lo más profundo del océano, y a mi me dejó su corazón.
Viva la vida, paz.